La dehidroepiandrosterona (DHEA) es la hormona esteroide más abundante en los primates, y se sintetiza principalmente en la corteza suprarrenal. Se ha observado una curva característica de aumento y disminución de su síntesis a lo largo de la vida, junto con la correspondiente formación de su éster sulfato (DHEAS). Se sugiere que los niveles elevados de DHEA circulante en plasma son un marcador de la longevidad humana, y diversas afecciones fisiopatológicas provocan una disminución de los niveles de DHEA, entre ellas la insuficiencia suprarrenal, las enfermedades sistémicas graves, el estrés agudo y la anorexia. Estudios más recientes han demostrado la importancia de la DHEA en el sistema nervioso central (SNC). Aún no se ha identificado un receptor intranuclear específico para la DHEA; sin embargo, se han detectado receptores de membrana altamente específicos en las células endoteliales, el corazón, los riñones, el hígado y el cerebro. Las investigaciones muestran que la DHEA y la DHEAS, así como sus metabolitos, tienen una amplia gama de efectos sobre numerosos órganos y sistemas orgánicos, lo que los sitúa en el grupo de posibles agentes farmacológicos útiles en diversas entidades clínicas. Su acción como neuroesteroides resulta especialmente interesante debido a sus potenciales efectos neuroprotectores, procognitivos, ansiolíticos y antidepresivos. La evidencia procedente de estudios clínicos respalda el uso de la DHEA en personas con insuficiencia suprarrenal y en el tratamiento de la depresión y los trastornos cognitivos asociados. Sin embargo, también existe una tendencia creciente al uso indebido recreativo de la DHEA en personas sanas, ya que en algunos países está clasificada como complemento alimenticio. El presente artículo tiene como objetivo ofrecer una revisión crítica sobre los efectos biológicos y farmacológicos de la DHEA, su mecanismo de acción y su posible uso terapéutico, especialmente en los trastornos del SNC.